Cultura y viajes

Dos hermanas y un patriota III

22 de mayo del 2020

Llegamos lectores a la última parte de este relato, que me llena de orgullos a través de ellos trasmitir parte de historias poco conocidas y a veces hechos olvido intencionalmente que el público común no llega a conocer.

Leandro se casa con su segunda esposa, Carmen, su cuñada (le llevaba 22 años) y con que siempre mantuvo una verdadera amistad de hermanos. Dicha celebración se realiza el 19 de marzo de 1855, en la Iglesia Matriz de Montevideo. Con ella tuvo dos hijos, César Andrés y Luz. Durante este matrimonio, Leandro vivió un poco más de calma, ya terminadas las luchas entre blancos y colorados, entre hermanos,  hechas las paces se dedicó a los negocios en el litoral, sobre todo en Salto.

Junto a su segunda esposa dio inicio a uno de sus proyectos más ambiciosos, la escuela Hiram en el propio Salto que ha perdurado hasta nuestros días. Uno de los fines perseguidos por Leandro era realizar en cierta forma la escuela símil a la creada por Artigas (del cual era ferviente devoto) en el campamento del Ayuí, donde se enseñaba a leer y escribir a todos los niños y jóvenes sin distinciones. Realmente la escuela fue un antecedente de educación popular, surgida unos 20 años antes de la Reforma Vareliana, ya que en ella  se enarbolaban las banderas de la laicidad y gratuidad, asistiendo hijos de masones y los niños más pobres de la población, incluidos, negros, indios, mulatos e aindiados. Además se enseñaban oficios. Era una formación que pretendía ser una cultura sin dogmas, con absoluta libertad de conciencia, como el propio Leandro fue su director por varios años, preconizaba “que esos niños buscarían los caminos que los conducirán a su Dios, que para quien les habla es el Gran Arquitecto del Universo, para otros será Buda o Mahoma, pero lo buscarán buenamente sin violencias ni envidias ni ambición”.

Ésto fue un escándalo para la sociedad burguesa salteña, muy pacada, reservada y conservadora. Pero todo llega tarde o temprano a la vida militar y pre determinada diría yo,  de Leandro y el 19 de abril de 1863 el caudillo colorado Venancio Flores (exiliado en Bs. As) está preparando el terreno hacia el norte para facilitar la invasión brasileñas obre territorio oriental y consolidar una nueva provincia anexada a Buenos  ya con un plan de guerra de 1.200 hombres. El movimiento fue respaldado por Don Pedro II de Brasil y por Bartolomé Mitre quien comandaba el ejército unitario. Esto se complica cada vez más para todos y sobre todo tedioso para los lectores, por lo tanto aceleraremos los hechos. Los enemigos de Leandro se enviaban cartas burlonas sobre él, en el momento que fue nombrado Comandante Militar de Paysandú. Eran de un tenor desagradable llamándolo “el tipejo de los parches y moñas del cerrito”, “el Leandrejo que anda haciendo habilidades y prodigios” “el bandido del cerrito”, etc.

Sabían bien a qué tipo de militar debían enfrentar y que sería muy difícil doblegarlo por su garra y fuste en las contiendas. Además de su condición de patriota, ni a él como a sus compañeros de armas, temerarios hasta lo más espeluznante. En Paysandú se encontraban ya sobre 1864 más de 7.000 soldados brasileños por tierra más una escuadra del marqués de Tamandaré remontando el Uruguay, más las tropas de Mitre entrando por Entre Ríos a caballo. Debe estacarse que las caballadas prometidas por el Gral. Urquiza nunca llegaron al Paysandú de Leandro. Cosas de políticas y conveniencias del momento. No olvidemos que estaba también en juego la cruenta y dura guerra de La Triple Alianza en Paraguay (a la cual Leandro era firme detractor). Tampoco olvidemos las políticas internacionales de la época, los intereses franceses e ingreses sobre el control del Río de la Plata y sus afluentes poderosos que los adentraría al corazón de América del Sur.



El mausoleo del general Leandro Gómez se encuentra ubicado en el centro de la Plaza Constitución, Paysandú.



Y ya en diciembre de 1864 eran 15.000 hombres contra 1080 en Paysandú. Palabras de Leandro: “una tumba existe en esta heroica ciudad…. En la que han de caer el asesino Flores y sus hordas…. O han de dejar cubiertas de gloria los soldados que defienden la Independencia Nacional a mis órdenes”. Sus compañeros de lucha eran tan bravos y aguerridos como él, uno de sus coroneles Lucas Píriz manifestó “si llegan a flaquear mis fuerzas, desde ya autorizo al Coronel Gómez a que me haga levantar la tapa de los sesos”. Los heridos fueron muchos en este sitio. Una de las hijas de Leandro ofició de enfermera en pleno campo de batalla y en el improvisado hospital hasta que su propio padre la hizo retirar previendo el cruel desenlace.

La resistencia de Paysandú duró 33 días muy crueles. A Leandro lo mataron el 2 de enero de 1865. Prefirió entregarse a sus compatriotas y no a mano extranjeras. Pero fueron más crueles con él, creyendo que lo enviarían a cárcel o juicio. Fue fusilado por sus compatriotas contra una pared de ladrillos. Quedó tirado entre los suyos como un montoncito más de ropas ensangrentadas. Su cuerpo fue burlado, uno de los generales le sacó las botas en son de burla y triunfo. Así acabó una vida más de nuestro Uruguay, recomendando que lean más sobre este personaje que todavía a pesar de muerto sus huesos, barba, y huesos han dado vueltas por más de siglo como en peregrinación.

 
Gracias y nos encontramos en la próxima.

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Por: Clara Varela

Guía experta en Receación

Cada rinconcito de nuestra ciudad y ¿por qué no? de nuestro país, esconde un sin fin de historias increíbles. Atrevernos a mirar más allá de lo que se ve a simple vista, es un viaje maravilloso sin retorno que quiero compartir contigo en este espacio. ¡Espero que disfrutes de tu lectura! ¡Hay mucho por descubrir!... Leer más

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